Las malas noches regresaron.
Cómo anhelo el amanecer lo más pronto posible.
No hay cosa alguna como la luz que me de la confianza de dormir en paz.
Andan fantasmas y demonios esta noche,
y mi cintura se vuelve objeto de un juego que no decidí participar.
Ya casi no existen noches en que no destapen mis pies al frío..
siento el corazón palpitando en mi cabeza y un dolor incurable.
Tengo miedo.
La desconfianza en mi piel me arde..
No quiero que vuelvan a tocar mi pies por las noches,
pero creo que eso es mucho pedir...
Sólo la luz puede devolverme la seguridad para enfrentar
con firmeza a los fantasmas que no me permiten dormir.
Tengo sueño, mis ojos caen naturalmente
y una voz acompañada de una sombra me interrumpe;
no les agrada mi descansar,
porque sólo ahí es cuando poseo mi máxima libertad,
una exorbitante expresión de mi real yo.
La punta de la nariz y mis dedos están congelados
y me doy cuenta que siempre hay motivos para llorar.
Y no sólo la luz puede devolverme la seguridad de dormir en paz,
la compañía de aquel anula todo lo anterior,
y hace que mis escritos pierdan sentido, en especial este.
Esta noche tengo visita.
Debo irme, y olvídalo:
Retiro lo dicho.
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