Desperté con el alma afligida, en un desamparo terrible.
Y con un dolor agudo en el centro de mi frente.
Tenía la mirada fija en las tablas del camarote, noté que habían dos círculos,
depende desde qué perspectiva se observara:
habían dos círculos alineados uno al lado del otro,
o uno delante del otro (yo lo vi así).
Le di mucha importancia a la situación, al sólo hecho de que había un círculo delante del otro,
para así hacer metáfora y aplicarla a mi vida, era mi última opción, estaba desesperada....
Hice una pausa y me perdí en mis pensamientos, me puse a recordar mi miseria.
Estaba más perdida de lo que creía. Ya no podía volver atrás, comprendí que los paradigmas que me fueron inculcados no volverían a encajar en mí nunca más.
Esta vida paralela por la cual opté no tenía una estructura definida, estaba vacía y existía sólo dentro de mis mejores intenciones. Y esto hacía más desolador mi destino.
¿A qué rincón del mundo fueron a parar mis deseos?
Mi mente era como una madre tratando de calmar el llanto de su criatura,
ofreciéndole todas las cosas que pudiese desear y que lograra apaciguarle.
Pero nada aquietó mis aguas, la desesperanza se instalaba decidida y confianzuda en mi hogar.
Soy emoción y nada más que emoción. Sigo pensando en que fui un error de la creación,
una malformación del alma; un aborto fallido de esta sobria y recta vida.
Siento la lluvia caer progresivamente más violenta, y sufro cada impacto de cada gota sobre el suelo.
No sé cómo logro empatizar tan íntimamente con el suelo.
Caía el granizo, algunos bastante afilados, y cómo lo sufría...
Ya no podía ser peor, y busqué lo peor.
Tomé mi ropa, algunas cosas que me harían falta, las eché a la maleta y me largué a la ladera. Me despedí de todo, incluso de lo que más me gustaba: las noches de piel amorosa. Lo amaba seriamente, pero no quise echarlo a la maleta, si quería acabar con este tormento debía dejarlo acá.
Estaba destinada a nada más que a servir al bien común, entregar mi vida por completo al servicio del bienestar del mundo, mi vida estaba hecha para eso, si intentaba vivir como cualquier ser humano,
el calvario se volvía insostenible, de pura emoción me moría lenta y dolorosamente..
Volví. Había un círculo levemente más pequeño que el otro y asumí que ese era yo.
Según la lógica cartesiana el círculo más pequeño estaba más "adelante". Me tranquilicé.
Pero luego pensé que abandonando ya el razonamiento establecido como me había propuesto, entonces nadie podría asegurarme que ese círculo en verdad estaba adelante del otro. Me intranquilicé.
Me sumí en los pensamientos nuevamente.
/ Mientras que para mí esas noches significaban el abrazo más profundo que he podido dar,
para él era la satisfacción tierna de sus deseos.
Mientras que mi piel se traducía en verbo puro, verbo apasionado.
Su piel se traducía en sudor, eso sencillamente./
Todo me pareció calzar de pronto, el círculo pequeño estaba un paso más allá, quizás unos cuantos pasos más allá, donde lo racional no tenía ni voz ni voto.
Y las leyes exactas tampoco podrían definir un eje desde el cual se verificara cuál era mayor o mejor que el otro.
Sólo sé que ya había oscurecido y seguía acostada.
Fue este el día que envenenó mis anhelos, el que me dejó en la pobreza. Desde ese día que ya ni cuenta me doy cómo sin mayor esfuerzo pierdo los días en esta cama fría.
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