Sabtu, 09 Januari 2016

Ayayai mamita.

Mi madre se estaba muriendo y nadie se percató
ella supo maquillar muy bien su piel violeta,
tapó en fragancias el olor a muerto que expelía.
Me esperaba con la cena lista y servida,
muchas veces a la hora de salida la encontré afuera de mi escuela,
de sorpresa para buscarme y llevarme a casa a llenar lo más pronto mi estómago.
Eso era lo que más me gustaba de ella... a pesar que era una mala cocinera,
yo sabía agradecerle cada una de sus comidas, realmente me hacían sentir bien y muy satisfecha.
Ella se moría con una sonrisa en la cara, una sonrisa que nos regalaba a diario con el mayor de sus esfuerzos mientras los gusanos le comían las vísceras.
Tan desgraciada vino a llegar hasta aquí, ignorante y sencilla.
Una mujer bruta y posesiva de la sexualidad de mi padre.
En menos de 2 semanas perdió la vista de su ojo derecho,
y nadie advirtió su pronta muerte.
Deambulaba con lentes oscuros velando su propio funeral.
Se encargó de todo, dejó la comida lista para los asistentes,
doblada y planchada su ropa fúnebre.
Cuando todo estaba listo y servido, decidió morirse.

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