Llevaba mi lonchera en la mano mientras caminaba firme a un destino definido, pero mi apariencia era como la de alguien que llevaba un cuchillo entre sus manos dirigiéndose directo hacia su víctima.
Llegué hasta el final del parque, me senté justo debajo del último árbol y vuelta hacia la pared
(quería asegurarme que nadie presenciara este acto tan descabellado)
Abrí mi lonchera y saqué mi tenedor..
Saboreé ese placer que brinda el delito, ni siquiera me percaté mucho en lo que había adentro,
y lo devoré con sincera satisfacción.
Los ojos de mi madre no estaban ahí para regañarme!
No, los ojos de mi madre no podían espantarse al verme comer la comida fría!
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