Sabtu, 09 Januari 2016

Los niños y las niñas.

El del chaleco rayado,
olvidó su chaleco rayado y los abrazos espontáneos.

Inhalo perfumes impregnados en telas,
con los pies descalzos y la gravedad actuando sobre mi sangre.

Imperfecciones que en mi calidad de un ser cósmico
he odiado por 120 meses.

Aromas que brotaron de las estrellas y de los libros del olimpo
desataron también gravedad en el agua de mis ojos. Dejaron de interesarme
los dilemas de años anteriores y los retomo desde otra perspectiva.

Todo el perfume que inhalé terminó conmigo,
cuando comencé a necesitarlo.

En mi cama ya no caben las putas: ellas no huelen bien,
o no como yo quiero.
En mi cama no cabe el maestro: sabe más de lo que espero,
o más que el de chaleco rayado. Porque con él pactamos caminar sutil y preciso para respirar los detalles de cada gramo de sabiduría.

Masticar, saborear, digerir,
suavemente como lo saben hacer los niños de pelo claro con las niñas de pelo rojo:
Son casos especiales.

Cuando se comprende que del amor al odio no hay un paso,
pero sí del amor al amor mojado.
Cuando hicimos callar al curita: "Hasta que la muerte los separe"
Porque te maté y luego me mataste,
y sin aire en los pulmones te grité en off cuánto te amaba,
aunque después de muerta siguieras apuntándome al pecho...

El de chaleco rayado olvidó su chaleco, y los abrazos espontáneos
y las conversaciones en mute.

Los niños de pelo claro y las niñas de pelo rojo si caben en mi cama:
Son casos excepcionales.

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