Sabtu, 09 Januari 2016

A cuánto tiene el kilito de tomates casera?

Eran de esos días en que me sentía tan íntimamente relacionada con la cotidianidad, con lo superfluo,
con el refri, con la mantequilla, con mi uniforme, con la lavadora, con el sartén, con el water, el mantel, la tele, la vecina, la comida del perro, el día del descuento de la carne en el super..
Subió el pasaje de la micro por la chucha.

Ya tenía toda una performance para poner la mesa, y cada día adquiría una nueva técnica de ahorro de tiempo:
sobre el tarro del café me llevaba el azúcar, mientras que en la otra mano tenía 3 tazas tomadas de la oreja y con el poquito de dedo restante tomaba las servilletas. En la segunda vuelta llevaba los platillos de las tazas, un cuchillo mantequillero y otro para cortar, 3 cucharas y 3 tés en una mano y en la otra el pan. (Las cosas del refri y el hervidor los ponía al último cuando ya se sentaran a la mesa).

Los ojos negros redonditos de mi perra me seguían, no entendían nada, porque no había nada que entender,
no había nada que oler en mí, no había nada que percibir en mí, no había nada irracional en mí, nada de nada.
Lejos del caos, todo estaba razonablemente ordenado, la vida lista, ya estaban programados los restantes días de mi vida, todo estaba preparado y guardado para mí, sólo debía repetir al pie de la letra el día anterior.
A falta de dilemas me los inventé o me preocupé de los ajenos: de los imbéciles del reality, de la Kenita y sus amantes,
qué se yo...

Qué desoladores eran aquellos días de neutralidad repugnante,
quería arrancar de ella, y del lugar hacia donde arrancara quería arrancar también
hasta llegar a lo inarrancable, lo puro y prosélito a mí
pedacito que me arrebataron
quién se lo llevó?
dónde lo escondió?

Olvídenlo,
olvídenlo,
olvídenlo,

ya lo encontré.

Tidak ada komentar: